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Ya no aguanto esta máscara

Sam: sigo teniendo este sueño. Que estoy en la “zona” y no estoy utilizando una máscara –

Estas fueron las palabras de Sam una chica de veintidós años en la película “IO” mientras se imaginaba respirando el aire puro que nunca conoció.

Ella vive sola en el planeta tierra mientras que casi todas las personas que no murieron por la alta contaminación se fueron en naves espaciales a buscar lugares más habitables.

Hoy me siento como Sam, con un deseo inmenso de no utilizar más esta “máscara”, ya no la aguanto. No solo a la que estamos condenados hasta que haya una cura sino a la metafórica, la máscara que nos impide vivir de forma estable. Cada vez que lo pienso me invade una profunda pena y tristeza esta situación. Es verdad que siempre debemos mirar el lado positivo de las cosas y es el mensaje que constantemente estoy martillando en la mente de las personas que leen este blog. El lado positivo es que tenemos los conocimientos e información suficientes para saber cómo no contagiarnos y como desarrollar una vacuna, tenemos más tiempo para pasar con algunas de las personas que más queremos y tenemos mayor oportunidad de hacer las cosas que nunca habíamos podido.

Pero por el otro lado, ver a mi hija con una inquietud de no comprender totalmente por qué no puede salir a jugar al parque con su bicicleta, correr, caerse y rasparse las rodillas, ir a la escuela para jugar con sus amigas, abrazar a sus maestras, ver a sus abuelos, visitar a sus primos y escucharla decir todos los planes que tiene “cuando se acabe el coronavirus papá”, aderezada con su cara incómoda utilizando un cubre bocas, me parte en mil pedazos el corazón.

Estoy seguro que esto le está ocurriendo a todos los niños del mundo y creo que la actitud que tengan está justificada porque ellos no saben la forma de liberar lo que sienten, sobre todo los más pequeños.

Hace unas semanas vi una fotografía de una escuela preescolar en el primer día de desconfinamiento en París donde un grupo de seis o siete niños están sentados dentro de unos espacios de nueve metros cuadrados y cada espacio está alejado del otro a una distancia de dos metros. Esa imagen me hiere y me hace pensar que en verdad ellos no se lo merecen e inmediatamente aparecen las preguntas: ¿qué hicimos para que sucediera esto?¿qué vamos a hacer al respecto para devolverles el mundo que se merecen?

Recuerdo haber crecido con la frase “qué hijos le vas a dejar al planeta” pero creo que es igual de importante decir “qué planeta le vas a dejar a tus hijos” si no de qué sirve educarlos en un mudo que no pueden habitar.

No escribo estas palabras desde un punto de vista dramático, tampoco es miedo, sé que en algún punto, quizá cinco días, cinco meses o cinco años saldremos de esta pandemia. Tampoco escribo desde la compasión, mi intención no es que me “pobreteés” ni a los niños ni a nadie. Simplemente creo que esto es una alarma bastante ruidosa. Definitivamente es un aviso de algo más grande y más grave que podría suceder en el futuro si seguimos actuando de la misma forma irresponsable. Desde hace tiempo sabemos que nos estamos acabando al planeta, son muy pocos los que están haciendo algo y son muchos los que no están apoyando. Necesitamos un cambio de mentalidad en el nivel individual y aplicar la brutal lección aprendida. Las cosas se acaban si no las cuidas como las relaciones, el dinero o una flor.

Hoy a diferencia de otras épocas está circulando más dinero en el mundo. Mucho de ese recurso lo tienen los lentos gobiernos quienes tienen un sistema excepcional para recaudarlo de los ciudadanos y los negocios pero nunca han construido un sistema para distribuirlo en las cosas que más se necesitan. La cuestión es redirigir el enfoque y se haga caso a las personas que desde hace varios años estuvieron alertando esta situación. Como se ha hecho con el cambio climático, las emisiones de carbono, las demás pandemias y la extinción de varias especies animales y vegetales. Necesitamos más que nunca ceder al llamado que hace varios meses sugirieron Yuval Noah Harari y Bill Gates, cooperar y confiar a nivel global para darle fin a este problema y ponerle un alto a lo que vendrá en el futuro, de lo contrario, terminaremos como Sam, solos en un planeta inhabitable y como las demás personas montadas en un nave espacial buscando un lugar más habitable.

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Fabricio

Emprendiendo, escribiendo y compartiendo. COMUNICADOR COMPETENTE de la organización Toastmaster International.

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