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4 lecciones que aprendí en el 2019

Adiós dos mil diecinueve (2019)

Dos mil diecinueve fue un año que pasó muy rápido para mí y creo saber la razón.

Mi negocio tiene la particularidad de ofrecer un servicio que se contrata generalmente con un año de anticipación.

Esto quiere decir que las ventas que realice en el año que transcurre, son para uno o dos hacia adelante.

Entonces siempre estoy pensando en fechas adelantadas en el tiempo y me da la sensación de ya estar viviéndolos.

Lo sé, es cuestión de percepción. Sin embargo, trato de disfrutar el presente al máximo.

Definitivamente el año pasado fue de aprendizajes y hoy quiero compartir algunos contigo:

Ser pacientes:

Indudablemente esta es una cualidad que todos deberíamos desarrollar.

El mundo y la época que vivimos es maravillosa pero nos ha malacostumbrado a tenerlo todo en el instante que lo deseamos.

Comida rápida, información rápida, café instantáneo, compras en un “clic” y bajar de peso en una noche.

Nos hemos desacostumbrado a esperar sin entender que las cosas que más valen la pena son las que llevan tiempo, las comidas que se cocinan a fuego lento, las relaciones sentimentales y la deliciosa sombra de un árbol.

Por ejemplo, en mis dos proyectos profesionales más importantes se encuentra este blog y mi negocio.

El primero, después de tres años (que precisamente cumple hoy) de publicaciones constantes ha crecido en sus métricas, incluso tengo un artículo posicionado en la primera página de google.

En cuanto a mi negocio de carpas, estoy a punto de cumplir cinco años y por fin comienzo a recibir ganancias. Por supuesto después de cuatro años y medio de trabajo, inversión y más trabajo.

Todo llega a su tiempo, únicamente tenemos que esperar.

Se paciente.

Tener el valor de la responsabilidad:

Comencé el dos mil diecinueve con una tarea muy importante: rescatar a mi club de comunicación de la pérdida de su registro.

En dos mil dieciocho me nombraron presidente e irresponsablemente lo manejé mal. Sin embargo, hacia la segunda mitad del mandato me tocaba retomar el liderazgo del club y salvarlo de su fin.

Al día de hoy, el club está a punto de tener cuarenta socios activos que cada semana le dan vida.

Así que no solo salvé al club porque sea un lugar que quiera mucho sino que era mi responsabilidad hacerlo, no por mí, sino por los demás, la gente que creyó en que podía liderarlo y la que estaba deseosa de un lugar donde pudiera practicar este bellísimo arte.

Se responsable.

Simplificar está bien:

A lo largo de este proyecto (fabriciomena.com) he pivotado varias veces para mejorarlo.

Entre algunas cosas, he cambiado el nombre del blog, he hecho “podcasts” y grabado videos.

Otro cambio que intenté al inicio del dos mil diecinueve fue ya no poner fotos en los artículos, sino una simple imagen con el nombre del artículo.

El primer semestre fue un fondo blanco con letras negras y una fuente que en su momento me gustó.

Pero algo no me convencía así que invertí el fondo a negro con letras blancas y le cambié la fuente (la anterior me dejó de gustar).

Esto lo hice porque con el paso del tiempo, FARRO (mi negocio) me ha demandado mayor atención, mi hija está creciendo y también requiere más dedicación, así como todas las tareas que se puedan dar en el hogar y el tiempo de escribir hacen que el tiempo de cada actividad disminuya.

Entonces, el proceso de elegir una fotografía parece sencillo pero uno no puede poner cualquiera, tienes que buscar la adecuada, que esté en sintonía con el texto que vas a publicar, luego hay que pasarlo por un programa de edición para que quede mejor y cambiar su tamaño.

Esto me ocupaba demasiado tiempo y decidí cambiarlo.

Según “blogs” especializados dicen que el formato de foto no se debe cambiar pero la realidad es que me ha funcionado y es algo que no me toma más de dos minutos, o sea, hay una enorme diferencia entre uno y otro.

Creo que hay cosas en la vida que realizamos de cierta forma y que podríamos hacer de manera más sencilla pero a veces el miedo de intentar algo nuevo nos detiene.

Por ejemplo, los hombres (quizá las mujeres también) creemos que a nuestra pareja tenemos que darle el regalo más grande o más caro para que se sientan queridas por nosotros, entonces buscamos el regalo perfecto pero nunca lo encontramos.

Cuando una simple rosa o un chocolate puede hacerla sentir la mujer más amada (es más eso haré hoy).

Simplifica.

El que no arriesga no gana

Hablando un poco más de FARRO, al inicio del año pasado tuvimos que hacer una inversión alta mi socio y yo.

Obviamente como todas las inversiones, no sabíamos cómo iba a resultar.

Sin embargo, la inversión la recuperamos en un tiempo “record” de menos de veinticuatro horas (algún día contaré la historia).

En ocasiones hay que tomar riesgos calculados pero también es válido arriesgarse cuando no sabes cómo van a ir las cosas, siento que cuando uno lo intenta, la vida le sonríe, quizá atravieses por pequeños detalles que apuntan hacia un final malo, sin embargo, el destino siempre trae una recompensa.

Alusivo a esto, me vienen a la mente las personas que quisieran escribir pero no se atreven a abrir un blog o comenzar a escribir un libro porque tienen miedo de que no los lean o los que no quieren abrir un negocio por miedo a fracasar o los que quisieran tener pareja sentimental pero no se arriesgan a salir al parque o algún bar donde pudieran tener la oportunidad de conocer gente.

Arriesga.

Sin duda son cosas que trataré de seguir aplicando y estoy puesto para aprender más este nuevo año dos mil veinte.

Ahora escríbeme en los comentarios qué cosas aprendiste tú.

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Yo voy a llegar

Emprendiendo, escribiendo y compartiendo. COMUNICADOR COMPETENTE de la organización Toastmaster International.

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